“Entre el mundo que no acaba de morir, y el que demora en nacer”

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“Entre el mundo que no acaba de morir, y el que demora en nacer”
Publicado en la Revista Punto de Vista 05.01.2026
Alexis Ponce (*)/ 2026-01-23
“Por delicadeza, perderé mi vida” Arthur Rimbaud
Cuando “Punto de Vista” me invitó a escribir un texto sobre situación internacional, desde una posición desde la perspectiva constitucional, aún no ocurría la previsible operación militar quirúrgica contra Venezuela, ejecutada con la eficacia letal de la “Fall Gelb”, la primera operación militar aerotransportada estratégica a gran escala en el mundo, cometida por paracaidistas nazis para rendir a Holanda, aunque en ese caso no pudieron secuestrar a la reina de aquel país.
Tanto el genocidio cometido contra el pueblo palestino en Gaza, cuanto la agresión militar ejecutada contra Venezuela, son la constatación empírica de que, en la actualidad, como entre 1933 y 1945, toda perspectiva constitucional y, màs aún, el Derecho Internacional en su conjunto, son inexistentes referencias de un siglo que feneció, y de los cuales se ha hecho tabla rasa y punto de partida conceptual errático para comprender el mundo y continente en el que vivimos y para actuar de manera eficaz y duradera.
El planeta vive, llanamente, el célebre axioma del pensador revolucionario contra el fascismo Antonio Gramsci, escrito mientras estaba en prisión: vivimos, otra vez, entre “el viejo mundo que muere y el nuevo mundo que tarda en aparecer, y en ese claroscuro surgen los monstruos”. La comunidad planetaria vive dos mundos: el unipolar que se niega a morir, y el multipolar que tarda en consolidarse.
Y en esa transición, hay un abundante bestiario en el poder mundial, tanto político cuanto económico, continental y local, como lo hubo entre las décadas del 20 y 40 del siglo XX, en el cual, sin tapujos, como con Adolfo Hitler, Mussolini y Franco, otra vez ha emergido para dinamitar la democracia, los derechos humanos, el mismísimo “orden internacional” que entró en una fase necro-civilizatoria, con numerosos ejemplares que en el mundo y, en particular, las Américas, implantan a la fuerza una cultura de la agresión directa, màs cercana a la psicopatología que a la política, caracterizada por intentar perennizar la desigualdad màs obscena, la goebbeliana industria de la mentira como conducta sistemática, y el ataque a los màs débiles, sean seres humanos vulnerables o naciones más chicas.
Latinoamérica es, como lo advirtiera el intelectual estadista Álvaro García Linera, un territorio en disputa, entre dos ‘bloques’ no consolidados: el progresista, humanista y de izquierdas diversas; y el fascistoide de ultraderechas.
Asistimos a la lenta decadencia de un imperio en fase proto-fascistoide abierta. El 3 de enero, el corsario ataque militar con secuestro incluido de un presidente y su esposa en Venezuela, confirmó el enunciamiento central de este trabajo: en el continente latinoamericano, y quizás en el orbe -con matices-, vivimos “en este lado”, el de las organizaciones políticas, sociales y los gobiernos progresistas, el mismo fenómeno que vivió la Europa de preguerra, entre los ‘20 y finales de los ’30, cuando al peor adversario de la vida, la paz, la democracia, los derechos y la soberanía de los pueblos en aquel entonces, el fascismo, los gobiernos europeos progresistas o democráticos de la época, respondieron con débiles voces descoordinadas entre sí, con endeble timidez ante el avance arrollador del nazismo; con apocamiento indigno de estadistas y con irresponsable indecisión, hasta cuando fue demasiado tarde.
Los actuales jefes de Estado de Latinoamérica, guardan parecido a los de Francia e Inglaterra entre 1933 y 1939, que mostraron pasividad frente a Hitler, contribuyendo por acción u omisión, al no comprender el ideario y los objetivos del fascismo, al camino hacia la guerra. León Blum de Francia y Chamberlain de Inglaterra fueron el patético signo de la blandura.
No intervinieron en favor de la República en la Guerra Civil Española “para evitar una guerra prematura”. El obvio resultado fue el dejar sola a España, como ahora a Honduras víctima del màs descarado fraude electoral. Blum dubitó ante el fascismo internacional en nombre de una legalidad diplomática que Hitler jamás respetó. Éticamente coherente en lo social, el progresista Blum fue estratégicamente ciego en geopolítica internacional. Tuvieron una actitud pasiva y no demostraron firmeza ante los nazis ni el liderazgo que requería el momento histórico. Un legalismo sin coraje y una neutralidad sin visión de largo plazo, coadyuvaron a la entrega de Checoslovaquia sin combatir. Daladier no fue ingenuo, sino cobarde.
En su monárquica Inglaterra, Chamberlain y Baldwin fueron precursores del apaciguamiento político: permitieron el rearme nazi sin respuesta y priorizaron elecciones y una supuesta “estabilidad interna” que se derrumbó cual castillo de arena pocos años màs tarde.
Pasividad, miedo, reactividad y cálculo fueron características gubernamentales de la Europa de entonces, asentadas en la subestimación del peligro fascista. De 1933 a 1939, Europa no fue derrotada por la fuerza militar alemana, sino por el miedo a otra guerra, el cálculo electoral y un legalismo vacío.
Esa flaqueza fue superada después, por la firmeza de Churchill, De Gaulle, Roosevelt y Stalin, este último tras la imperdonable decisión de repartirse Polonia con los nazis. Las democracias liberales fallaron estructuralmente ante el fascismo de aquel entonces, y hoy vuelven a fallar bajo los mismos rasgos de la Historia que no se recuerda y cuyas lecciones se olvidan.
Chamberlain y Blum evidenciaron autoengaño y apaciguamiento frente a Hitler. Neville Chamberlain, de Reino Unido, tras los “Acuerdos de Múnich” de 1938, dijo una penosa frase: “Creo que es la paz para nuestro tiempo”. Esa frase no fue ingenua, sino la renuncia consciente a la disuasión, porque hizo de la mentira de Hitler, política de Estado inglesa.
En la Cámara de los Comunes se atrevió a decir: “El señor Hitler ha dejado claro que no desea dominar el mundo”, cinco años después de que Hitler publicara el “Mein Kampf”. No fue error sino autoengaño deliberado.
La fe en la palabra de Hitler, la parálisis defensiva, el miedo a la escalada, tuvieron como resultado que el nazismo avanzara y las democracias retrocedieran. No fue “falta de información”, sino falta de voluntad política. Solamente cuando los aliados decidieron actuar en bloque, conjuntamente todos contra el fascismo, la correlación de fuerzas y la narrativa cultural de toda una época cambió.
Hoy, con similitudes conmovedoras, suceden parecidas narrativas, conductas e indecisiones. Mientras Trump continúa pateando el tablero y las posaderas del continente, y cipayos como Milei anuncian la formación de un bloque regional ultraliberal de gobiernos fascistoides, “para exterminar el socialismo”. El verso de Arthur Rimbaud cae de anillo al dedo al parafraseo latinoamericano: “Por delicadeza, perderán la vida”.
Por eso es que el antecedente histórico de la operación ejecutada en Venezuela está en las operaciones militares del Eje (la Alemania nazi e Italia de Mussolini) en las que se capturaron sedes de gobierno y, en algunos casos, jefes de Estado. La anexión de Austria en 1938, capturó la sede gubernamental en Viena y concluyó con el canciller arrestado y encarcelado. La ocupación de Checoslovaquia (Bohemia y Moravia) en 1939, terminó en la toma del Castillo de Praga (la sede del poder) y el presidente forzado a rendirse bajo coacción directa de Hitler, del cual quedó en calidad de virtual prisionero político. La invasión a Bélgica en 1940, terminó con la captura del rey, retenido por los nazis como “prisionero de guerra de facto”. La invasión a Noruega concluyó en 1940, con la ocupación de los edificios gubernamentales en Oslo y el rey y su gabinete alcanzaron a escapar. Alemania instaló en el poder a un títere: al colaboracionista Quisling.
Hoy Trump invadió Venezuela y sucedió como en septiembre de 1939, cuando Hitler invadió Polonia, pero ahora la diferencia es que no pasa nada todavía... Por ello, comprender la Hora Latinoamericana y Ecuatoriana, inevitablemente pasa por comprender la Hora Mundial. La época local y continental, màs que nunca hacen parte de una época global compleja, cambiante y decisiva.
En cuanto al país, la conducta oligárquica del régimen, que responde exclusivamente a un clan familiar y a una casta clasista mafiosa, ha entregado la soberanía y convertido en base militar a todo el territorio del Ecuador, convirtiendo al país oficial en El Caín de América.
El corazón del derecho internacional ha esparcido sus restos en mil pedazos; se ha legitimado la ley del más fuerte y su resultado no puede considerarse moralmente aceptable solo porque coincide con las preferencias políticas de la casta social en el poder como pasa en Ecuador, Argentina, EEUU, Perú o El Salvador. Celebrar las agresiones sin respeto a la soberanía, es una violación clara de la Carta de la ONU. Implica adoptar el intervencionismo imperial que históricamente ha devastado América Latina.
Cuando se deshumaniza al enemigo, todo queda permitido. ¿Quién paga el precio real de las invasiones y persecuciones? los civiles.
No se puede justificar la violencia preventiva, ni aplaudir la guerra como instrumento de redención, porque celebrar el avance del proto fascismo actual, sienta un precedente mortal para América Latina: normaliza que los EEUU decidan qué gobiernos son legítimos; debilita toda defensa futura de soberanía regional; y convierte a la región en tablero geopolítico.
Katja Alemánn, actriz y escritora argentina, escribió el 3 de enero: “Hoy aprendí que los tratados de derecho internacional, la ONU y todas las declaraciones de principios occidentales, como la soberanía de los Estados, la denuncia de inconstitucionalidad, y toda la cobardía que leo por todos lados, son para tontos ingenuos, yo incluida. A despertar”.
Para terminar: la única posibilidad que tiene Latinoamérica de sobrevivir en el siglo 21 y despegar en el siglo 22, es en bloque geoestratégico de gobiernos progresistas, formando parte del Mundo Multipolar. Si existe una nueva Yalta de repartición de zonas de influencia en el mundo, el colocarse en los BRICS y el mundo multipolar, es la única forma de evitar la aniquilación de un continente, de sus pueblos y de las mejores utopías que, desde el siglo 19, venimos empujando.
Desde Quito, liberada por las tropas de Bolívar en 1822, abrazos a todas y todos.