VIGENCIA DE TEORÍAS ANTROPOLÓGICAS DEL SIGLO XIX

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VIGENCIA DE TEORÍAS ANTROPOLÓGICAS DEL SIGLO XIX QUE ESTIGMATIZAN DE MANERA NEGATIVA A LOS PUEBLOS NO-EUROPEOS
Javier Solís Salcedo (B.A., M.A., Ph.D. )
Cie-Quich (Presidente) de la Nación Muchik / 2026-01-17
Durante cinco años, en calidad de docente a cargo de los cursos base de Antropología Cultural e Historia de la Cultura. Alarmado comprobé que los sílabos se engolosinaban con las teorías antropológicas evolucionistas del siglo XIX. Ante esto solicité se actualicen los silabos. El responsable del departamento académico de humanidades de la universidad donde trabajaba (un profesor de secundaria con doctorado en educación graduado gracias a estudios de postgrado hechos los sábados y domingos), me dijo en ese grave tono que caracteriza a la mediocridad intelectual: "[..] Javier no creas que porque has estudiado en Canadá y EE.UU., puedes imponer ideas y conceptos propias de otras realidades." Ante semejante bochornosa respuesta preferí guardar silencio, tomar distancia y actuar, como decía mi abuela: "sin espantar el gallinero".
Era notorio que los silabos de marras tenían como meta demostrar la superioridad de la civilización occidental moderna (a la que muchos llaman "la civilización", así sin epíteto): Esta supuesta superioridad es el meollo que hace rodar la lógica que le da sentido a la existencia a dicha civilización. Correlativamente buscan reforzar la evidente fragilidad del "orden occidental establecido".
A parte de mis clases tuve que hacer textos básicos de consulta y de lectura obligatoria. Algunos colegas, mandados por el referido jefe, me dijeron que eran parte de "una visita inopinada a mi aula autorizada por la jefatura". Con amabilidad y firmeza tuve que echarlos de mi cátedra. Las represalias pronto fueron hechas: recortes en mi carga horaria, se me sometió a "conspiración de silencio" (la mayor parte de mis colegas no me consultaron más, como a menudo lo habían hecho). Además se prohibió la circulación de mis textos en los ambientes de dicha universidad, El referido jefe del departamento académico y su pandilla de corifeos los calificaron (todos profesores de secundaria) a dichos textos de anticientíficos, subversivos y sobre todo que eran parte de un buen montado negocio.
Es claro que lo que quizás llamó la atención del establishment académico pro-occidental, con los que me vi envuelto en una declarada guerra cultural, fue haber cuestionado en profundidad las teorías antropológicas en general y sobre todo las evolucionistas del siglo XIX.
Hice ésto, sobre todo, por sus implicancias sociales, políticas, culturales y económicas eurocéntricas. Así como por su insistencia en descaradamente sostener, que los europeos asi como sus descendientes (en donde quiera que se encuentren) representan al pináculo del progreso humano. Ante tal situación me arme de mucha paciencia y organicé con mis estudiantes exitosos eventos académicos (grupos de discusión, talleres, teatralizaciones de usos y costumbre...), hasta que se prohibió hacer dichas actividades en el campus universitario.
Me he tomado esta larga introducción al tema que convoca éste breve artículo para mostrar que el sistema universitario en éste país, pues no se trata del caso de una universidad, esta concebido principalmente para reforzar y perpetuar el modelo / paradigma civilizatorio occidental moderno.
Lo primero que debemos comprender es que las teorías antropológicas de mediados del siglo XIX, se incubaron desde la llamada "crisis de la conciencia europea de finales del siglo XVII" (Bruno, Hobbes, Descartes, Locke, Spinoza), asimismo en la Época de la Ilustración. (la "Belle Époque"), la Primera Revolución Industrial y las violentas eclosiones político-sociales de finales del siglo XVIII.
La principal semilla incubada es la idea de "progreso", en sentifo de "dar pasos hacia adelante" (ésta surgió de progressus, participo de progredi, en el sentido de "ir hacia delante").
1. Con Turgot y Condorcet (Francia) y Leasing (Alemania) nace la idea de "progreso". Éstos promovieron la idea de que el progreso, en el sentido que la sociedad, la naturaleza y el pensamiento van de lo menos a lo más; en un avance lineal e inevitable de la humanidad, impulsado por la razón, la ciencia y la libertad, hacia una sociedad más perfecta. Este hecho es tan importante que Hannah Arendt, señala dicha época como el nacimiento de una noción que constituye el motor mismo del quehacer contemporáneo asi como antes lo fueron la idea de "pueblo elegido", "salvación de las almas", "evangelización", etc. Desde entonces se ha instalado en la vida moderna la idea de progreso como concepto y praxis para indicar la existencia de un sentido de mejora en la condición humana.
2. A finales del siglo XVIII, el conde Saint Martin sostiene que "lo social" no sólamente progresa sino que debe crearse una ciencia que estudie la sociedad. Saint-Martin contaba con los servicios de un secretario privado, Auguste Comte (1798-1857) , el creador del positivismo.
3. A inicios de la tercera década del siglo XIX, Auguste Comte propone en su libro Curso de Filosofía Positiva la "Ley de los Tres Estados", en la que describe la evolución del pensamiento humano y la sociedad a través de tres fases. Según Comte el pensamiento humano ha evolucionado desde una "etapa teológica" (en esta etapa el hombre ha explicado el origen y los hechos naturales mediante las intervenciones divinas a través de mítos). Luego la humanidad habría evolucionado a una "etapa metafísica" (el jombre elaboró fuerzas abstractas y personificadas para explicar los hechos naturales y la sociedad); y finalmente la humanidad ha llegado a la "etapa positiva o científica" (basado en la observación, la experimentación y el descubrimiento de leyes naturales). Con esto marca el camino hacia el conocimiento racional y el progreso como el pináculo de la evolución humana.
4. El esquema de Auguste Comte fue utilizado por Lewis H. Morgan (1818-1881), para quien el progreso humano es un proceso evolutivo lineal y universal que va desde el "estado de salvajismo" (similar a la "etapa teológica" de A. Comte); luego del cual el "hombre salvaje" evolucionó al "estado de barbarie" y culmina en el estado de civilización que no es otra que la civilización occidental moderna.
5. Siguiendo el modelo de la ''ley de los tres estados" de Auguste Comte, el antropólogo británico Edward Burnett Tylor (1832-1917), propuso una evolución religiosa lineal por el que habría atravesado toda la humanidad: desde el animismo (creencia primitiva de que la naturaleza esta poblada de espíritus) ; pasando enseguida al politeísmo (creencia en la existencia de "dioses" que no son otra cosa que personificaciones de las fuerzas y/o fenómenos de la naturaleza) hasta llegar al monoteísmo judeocristiano, culminando en la ciencia y el ateísmo.
6. El etnólogo britanico James George Frazer (1854-1941) es considerado un evolucionista clave que teorizó el progreso humano a través de tres etapas de evolución del pensamiento: desde la "magia" (que estructura el pensamiento salvaje por acciones de "magia simpática") pasa evolutivamente al estadio religioso o "religión" (reconfigurándose el pensamiento mágico-religioso) para finalmente llegar a la ciencia.
Como se podrá fácilmente entender las teorías antropológicas evolucionistas del siglo XIX nacen de la idea del progreso bajo el modelo de la "ley de los tres estados" de Auguste Comte. Éstas ideas y concepciones fueron retomadas y desarrolladas por otros occidentales de la misma época (F. Engels, Hebert Spencer, K. Marx, R. Luxemburgo, etc.)
Si observamos los estudios e investigaciones de antropologos, sociólogos, historiadores y filósofos contemporáneos, se puede verificar, sin esfuerzo, que "sus" pretenfidas ideas, conceptos y tesis mas que aproximaciones científicas para comprender mejor el pasado humano son parafraseadad expresiones de una agresiva ideología cientista al servicio de la civilización occidental moderna.
Podemos igualmente ver, leer y escuchar al público no especialista en general e inclusive a la mayor parte de intelectuales originarios utilizar ideas, conceptos y términos con fuerte carga evolucionista. Ellas suenan bonito, pero son no sólo falacias sino que esencialmente responden a un esquema neocolonial.